Crítica de The Dropout, y porque nos gusta ser engañados | QiiBO QiiBO

Crítica de The Dropout, y porque nos gusta ser engañados

En uno de los últimos episodios de The Dropout hay una escena donde Elizabeth Holmes, magníficamente interpretada por Amanda Seyfried, mira directamente a la cámara durante la grabación de un video promocional. Las luces y cámaras se reflejan de tal forma en sus ojos, dando la impresión de tener pupilas de serpiente, un reptil asociado con la traición y engaño. Estoy seguro que es un efecto creado a propósito.

Pero esta es la parte interesante: cuando me di cuenta, me pregunté porque esperaron tantos episodios para provocar ese efecto, hasta que recordé que la escena también ocurre en el primer episodio, los primeros minutos de hecho. Simplemente no me di cuenta la primera vez que la vi. Y ahí recae el punto principal de The Dropout, esta nueva serie limitada de Hulu: ¿no me di cuenta porque no lo estaba buscando, o me di cuenta luego porque estaba prejuiciado contra Elizabeth? Y en esa misma línea, ¿será realmente un efecto o es producto de haber visto todo el daño provocado por Holmes?

The Dropout es basada en el podcast homónimo de ABC News sobre la insólita historia de Holmes, quien dejó sus estudios en la prestigiosa universidad de Stanford para fundar Theranos, una compañía prometiendo revolucionar la industria de la salud con el Edison, una máquina permitiendo cientos de análisis de salud usando una gota de sangre. Solo tenía un problema: la tecnología no funcionaba. Ni siquiera existía. Eso no impidió que Holmes convenciera docenas de inversionistas para darle dinero, y hasta consiguió añadir importantes nombres a su mesa de ejecutivos, incluyendo el ex secretario de estado Henry Kissinger, y Avie Tevanian, el ingeniero programador creador del macOS que eventualmente seria iOS, el sistema operativo de las computadoras de Apple. En su momento más alto, Theranos llegó a valorarse en diez mil millones de dólares, convirtiendo a Elizabeth en la mujer más joven en hacerse millonaria por si sola.

Holmes también se convirtió en una súper-estrella de la industria, siendo catalogada por varios como “la próxima Steve Jobs”, codeándose con famosos, influyentes, y políticos de la sociedad estadounidense. Todo basado en una mentira.

A través de ocho episodios (siete disponibles para reseñas), The Dropout presenta el camino de Holmes desde adolescente hasta su caída, en una forma comparable a la tragedia de Anakin Skaywalker, seducida por el lado oscuro de la fama. ¿O realmente fue así? El guion de The Dropout intenta ser lo más clínico posible, dando entrever que las intenciones originales de Holmes eran genuinamente nobles. En sus mejores momentos The Dropout es una filosa mirada a la mentalidad tecno-amigable y socioeconómica que permitió un engaño tan descomunal como Theranos. Por otro lado, The Dropout no profundiza en la mentalidad de Elizabeth, especialmente cuando comienza a falsificar sus logros. No tengan duda: Holmes le hizo daño a incontables personas que confiaron ella, especialmente pacientes. Pero la serie funciona más bien como una interpretación de la historia que ya conocemos a través del podcast, reportajes y documentales, no hay nada particularmente revelador ni introspectivo.

Eso no le quita dejar de ser altamente entretenida, enganchándome desde el primer episodio hasta el último disponible. Especialmente por el trabajo de Seyfried como Holmes, apoyada por un elenco de primera, comenzando con Naveen Andrews como Sunny Balwani, el millonario programador que acompañó a Elizabeth durante su trayectoria, primero como amigo, luego mentor hasta eventualmente ser amante y hasta director de la compañía. Junto a ellos, participan Sam Waterson, Laurie Metcalf, Michael Ironside, William H. Macy, y Stephen Frye destacándose como Ian Gibbons, quien le da corazón a la historia, y en cierta manera una representación de la conciencia moral en Theranos.

Aunque la representación de los hechos se mantiene a un nivel superficial, The Dropout sigue siendo una increíble historia sobre avaricia, ambición, y obsesión con ser “la próxima gran cosa” de una cultura constantemente exigiendo lo mejor, en ocasiones sin detenerse a pensar las consecuencias de una carrera a toda velocidad, sin mirar el camino, ni a quien se lleven por delante. Cautelosamente recomendada.

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