España nos ha dado muchas cosas, algunas mejores que otras: colonización, el español, catolicismo, y el jamón serrano. Pero la mejor de todas fue Aída, una comedia que duró 10 años en televisión pero será eterna en los corazones de su audiencia…porque no paran de hablar de ella, a veces parece que es lo único que han visto en sus vidas. Para ellos y el mundo, España envió un nuevo regalo. Se habrán robado nuestro oro pero nos devolvieron felicidad con Aída y Vuelta.
Sin haber visto un solo episodio de esa serie en mi vida, me gocé Aída y Vuelta de principio a fin, porque una buena película es universal cuando esta bien escrita, dirigida y actuada. Paco León construyó un tributo, regreso y perfecta despedida que, aunque reconociendo los cambios culturales del mundo, no se disculpa por lo que fue, ni pretende que no existió. Una deliciosa combinación de auto-burla, con cariñoso honor de lo que fueron y siguen siendo para muchos.
Para conseguir esa reflexión, León nos lleva a un mundo alterno donde Aída no terminó en el 2014, sino que continuó transmitiéndose cuatro años adicionales, hasta el 2018. La fecha es escogida a propósito, por ser justamente cuando los movimientos socioculturales agarraron la revolución, desde el “Me Too”, la relevancia de las redes sociales en el temperamento público hasta la retro-cancelación de contenido artístico que no se ajustaba a las sensibilidades del momento.
Casi todo el elenco original participa de Aída y Vuelta, interpretando una versión ficticia de cada cual, en la que algunos disfrutan del trabajo, otros no tanto, especialmente Carmen Machi, quien esta completamente harta de interpretar a Aída por 14 años, ya decidida a terminar esa parte de su vida. El canal insiste en una temporada más -o quizás tres, ya veremos- ante la desesperación de Carmen, especialmente cuando Paco mantiene una frustrante ambivalencia sobre quedarse o irse. Carmen sabe que solamente si Paco se va, el programa definitivamente se termina.
¿O a lo mejor no? En este universo alterno, la inteligencia artificial ya existe lo suficientemente avanzada para reemplazarla con una versión digital.
Mientras tanto, el resto del elenco lidia con variados asuntos, uno de los elementos del guion presenta precisamente el tema del momento en aquel año, combinando varias conversaciones sobre el drástico cambio cultural ocurriendo en esas fechas, donde la narrativa lo es todo; la verdad se queda estancada entre lo que pasó, o lo que el público cree que pasó.
La mejor jugada de León en Aída y Vuelta es que nunca trivializa los asuntos pero tampoco se los toma demasiado en serio; al final del día esto es la historia de gente privilegiada y famosa sufriendo por ser exitosos. Por un lado presenta la peripecia de no poder tomarse un momento para sí mismos sin gente queriendo sacarse una foto, obligándolos a sumergirse en sus lugares seguros de tramoya y luces artificiales. Por el otro, es una mirada honesta al absurdo concepto de un mundo donde pretender ser otra persona es motivo de ser admirados.
Ante la interminable avalancha de series y películas insistiendo en recuperar el pasado, Aída y Vuelta demuestra como hacerlo sin repetirse, con algo real que decir, mientras se despide con ternura sin melodrama. Aída y vuelta es inteligente, graciosa, ¡INMENSAMENTE RECOMENDADA!
Podcastero, comediante, crítico de cine y TV miembro de la Critics Choice Association, crítico certificado en Rotten Tomatoes, y padre de gatos. Una vez cuando niño entré a un cine, y en cierta forma nunca salí.