Existe una filosofía que leer un libro es realmente leer una conversación del autor consigo mismo, porque cada personaje es una voz dentro de la mente del o de la escritora. Cada personaje representa sus temores, sus ansiedades, sus amores, sus odios, sus deseos. Para quien escribe, la página es un lienzo donde pintar su mayor esperanza, junto a sus pensamientos más oscuros, esos que no se atreve a decir en voz alta.
Con “The Bride!”, la directora Maggie Gyllenhall lleva ese concepto a su nivel más metafísico, donde Mary Shelly termina su historia de Frankenstein, hablándonos desde el literal vacío de la muerte, o a lo mejor desde alguna otra dimensión en otro nivel de existencia. O quizás la misma Shelly es una representación de Gyllenhaal, quien tambien escribió el guion, convirtiendo esta película en su máximo grito de cruda emoción hacia el mundo.
“The Bride!” zumba con toda la ambición posible; una alucinación febril demostrando que las historias extrañas tambien merecen estar en la pantalla grande, anclada de dos espectaculares de Christian Bale como la criatura, pero especialmente de Jessie Buckley dándonos una cornucopia de poética locura.
Buckley hace doble trabajo interpretando a Mary Shelly como una especie de ente mayor, presentando las piezas de la historia. Pero es aquí donde mayormente Gyllenhaal zumba con todo porque, ¿es Shelly la narradora o la literal autora? Mas que escritora, se presenta como una voz en la mente de Ida (Buckley), una dama de escolta para hampones de la mafia en Chicago, allá para tiempos de la prohibición en los 1930’s.
Ida no solamente escucha la voz de Mary en su mente, sino que actúa como poseída por esta, terminando la noche en letal fin. ¿Es un caso de doble personalidad? ¿O repentina esquizofrenia? ¿O acaso Gyllenhaal sugiere que somos simples actores en un teatro cósmico, a merced de los antojos del universo?
Gyllenhaal juega con la idea de la máxima libertad como propósito, excepto que Ida nunca realmente es libre. De servir los placeres de unos criminales, pasa a servir los placeres de Mary Shelly, sin nunca establecer cuanto es su propia voluntad, o cuanto es la influencia de su autora.
Lo que pudo ser un escueto final se convierte en un comienzo para Ida, cuando es desenterrada por la Dra. Euphronius (Annette Bening) y Frankenstein (Bale), la criatura que tomo el nombre de su creador, y ahora vaga torturado por la angustiosa soledad a la que está condenado.
En un mundo repleto de secuelas, reboots, donde todo es igual, todo suena igual, “The Bride!” es un refrescante cantazo. Gyllenhall se divierte de lo lindo dándonos una caótica ópera mezclando Frankenstein con “Bonnie & Clyde”, y elementos de Shakespeare, cine clásico de mafia, y hasta “Possession”.
A dos semanas de recibir su Oscar por Hamnet, Buckley nos da otro magistral trabajo actoral donde Ida es un manojo de emociones en carne viva, en un mundo donde la represión emocional es requerida casi por ley. Para esta Novia, el mundo es una caja de Pandora donde encontrar lo peor y mejor de nosotros, y Buckley es puro magnetismo arrastrándonos en su búsqueda de sentido y pertenencia, aun sabiendo que su camino la lleva hacia un abismo sin fondo, pero seguimos ahí, probando cuan poderoso es la fascinación humana por el peligro.
Viviendo uno de los más difíciles momentos para la industria, que probablemente se pondrá peor mientras estudios sigan uniéndose, acortando el espacio para voces e ideas distintas, “The Bride!” es una maravillosa oportunidad de exponerse a una experiencia diferente y, ¡CAOTICAMENTE RECOMENDADA!
Podcastero, comediante, crítico de cine y TV miembro de la Critics Choice Association, crítico certificado en Rotten Tomatoes, y padre de gatos. Una vez cuando niño entré a un cine, y en cierta forma nunca salí.
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