La revolución será desquiciada en One Battle After Another (reseña) - QiiBO QiiBO

La revolución será desquiciada en One Battle After Another (reseña)

Si hay una razón para ver One Battle After Another, es ver a Leonardo DiCaprio gritando “viva la revolución!”, así en español y todo, mientras sigue corriendo detrás de su hija secuestrada. Superficialmente es gracioso, y uno de los mejores momentos de tanto el filme como de DiCaprio flexionando sus músculos de comediante.

Pero el verdadero mensaje es el que cuenta, y pude ver exactamente lo que el director Paul Thomas Anderson quiso hacer con el Bob Fergurson de DiCaprio; un hombre que no necesita ninguna revolución, excepto para cuando le conviene.

Nuevamente, P.T. Anderson nos entrega la mejor película del año y posiblemente una de las mejores de los últimos 10 años con “Una Batalla Tras Otra”: una tragicomedia con fuerte carga política en tres sublimes actos, cada uno mejor que el anterior, con DiCaprio en su máximo esplendor y el mejor trabajo actoral de Sean Penn en años, como una filosa representación de la inseguridad tóxica y la hipocresía social.

Para Bob, la revolución es un juego, una manera de darle sentido a su vida. Bob es un hombre blanco, heterosexual, luchando contra un sistema diseñado para su propio beneficio. Podríamos argumentar que las intenciones de Bob son genuinas pero, en el fondo tanto el como nosotros sabemos que las consecuencias no lo afectarán tanto como a sus compañeros, para quien los cambios ansiados significan vida o muerte.

Basada en el libro Vindeland de Thomas Pynchon, que ni voy a pretender haber leído, One Battle After Another es una experiencia tan fascinante como frustrante porque, mi pana, esto es un filme que hubiera sido relevante en 1965, es relevante hoy día y probablemente será relevante en 30 años. Algunas cosas cambian, algunas cosas mejoras, aunque parezca que no. El truco es recordar que el progreso no es lineal, no es una escala ascendente, es un garabato que a veces sube, a veces baja a veces no parece moverse. Pero lo hace. Es inevitable, por eso hoy día no puedes ahogar brujas, o comprar una esposa con cinco vacas, ni salir impune de matar una persona diciendo que fue “por honor”.

En el primer acto de One Battle After Another, vemos a Bob queriendo demostrar su valía dentro del grupo revolucionario (o terrorista, depende de tu perspectiva) “Franceses 75”, entrando a un centro en la frontera de Estados Unidos y México para liberar los inmigrantes detenidos mientras son procesados. El grupo es liderado por la rabiosa Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor), quien entra al centro encargada de controlar los agentes, hasta encontrar el coronel Steven J. Lockjaw (Sean Penn), un absoluto racista que odia tanto las demás razas como su propia atracción hacia las mujeres negras como Perfidia.

La interacción provoca una enfermiza obsesión en Lockjaw con Perfidia, persiguiéndola a ella, usando el grupo de excusa para vigilarla constantemente y de una vez convertirse en el héroe militar que detuvo los ataques de los “Franceses 75”.

El segundo acto continua 16 años después, con Bob retirado en una casa en el bosque en el medio de Estados Unidos con su hija Willa (Chase infiniti), siempre volado entre cannabis y alcohol, y la paranoia mas prendida que el sol. Bob quiere una vida segura para Willa, por lo que desde pequeña la entrenó en defensa personal, y lenguaje secreto entre revolucionarios, incluyendo un aparato rastreador acompañándola desde su primer día de vida. Adolescente al fin, Willa quiere vivir la vida sin tanta maraña, pensando que las manías de su padre son solo eso: loqueras de un pasado ya irrelevante. Excepto que ese pasado los está literalmente persiguiendo, con el coronel Lockjaw detrás de los últimos vestigios del grupo.

Aquí es donde tengo que hablar del trabajo de Sean Penn, porque no es fácil destacarse en la filmografía de Anderson, pero el coronel Lockjaw es fácilmente uno de sus mejores personajes, amplificado por la interpretación de Penn. Su Lockjaw es un manojo de odio, rabia y auto-desprecio escondido. Su mayor ansia es ser aceptado en un club de supremacistas blancos, decididos a cambiar la sociedad a su modo, reescribiendo la historia a su ideología. El Lockjaw de Penn camina incomodo, excesivamente rígido, como si su propio aborrecimiento le pesara físicamente. Su mirada es desagradable, su tono rasposo de voz concuerda con la antipática sensación que deja su presencia.

Leonardo DiCaprio no se queda atrás. En su primera colaboración con Anderson, nos recuerda cuan gracioso puede ser en las manos correctas, dando su mejor actuación cómica desde The Wolf of Wall Street. Entre las nubes de marihuana y cerveza, Bob intenta darle una vida normal a Willa, mientras mantiene el perfil bajo para no atraer atención no-deseada. Pero Lockjaw es implacable, y consigue secuestrar la adolescente para hacerlo resurgir, convirtiendo el tercer acto en una frenética persecución donde Bob no consigue recordar viejas contraseñas del grupo, y brinca de una situación extraña a otra, ayudado por nuevos y viejos aliados, culminando en una de las escenas de carros mas intensas desde Deathproof, donde literalmente estaba la borde de la silla aguantando la respiración.

Anderson es uno de los mejores directores vivos por varias razones, entre ellas que nunca sabes lo que pasará de una escena a otra, donde nadie está completamente seguro porque su arte es tan impredecible como el mismo ser humano, especialmente aquel que esta acorralado. Adicional a un brillante guion, One Battle After Another nos da la maravillosa cinematografía de Michael Bauman, y la todavía mejor banda sonora de Jonny Greenwood amplificando maniaca energía de Bob o la oscura existencia de Lockjaw cuando es necesario, ¡INMENSAMENTE RECOMENDADA!

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