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Crítica: La cuarta temporada de Cobra Kai llega sin piedad

Dice un refrán que “perro viejo no aprende trucos nuevos”, pero eso precisamente hace la cuarta temporada de Cobra Kai, regresando más agresiva, más graciosa, más novelera que nunca, manteniendo el espíritu de las películas que la inspiró, simultáneamente mirando al futuro. En pocas palabras, ¡está brutal!

Este año Cobra Kai viene reflexionando en la influencia de figuras parentales en nuestras vidas; tanto las primeras, como las que vamos adquiriendo durante el camino, pero también el influjo que tiene ser un mentor. Todos los personajes principales pasan por el proceso de decidir quiénes son, y quien quieren ser, redefiniendo relaciones, empujando decisiones que van desde complicadas hasta sorpresivas, todo envuelto en una divertido paquete repleto de nostalgia, patadas y referencias a la cultura popular, especialmente los 80’s (mi favorita fue un montaje sacado directamente de Rocky III).

Y lo mejor de todo es que Cobra Kai regresa a lo básico; un melodrama sin tomarse mucho en serio, divirtiéndose con chistes sobre sí misma, sin faltarle el respeto a sus personajes ni su audiencia. Aunque Daniel Larusso quiere lo mejor para su hija, igual que Johnny para sus estudiantes, ambos tendrán que aprender aceptar que estos tomen sus propias decisiones sobre lo que cada cual entiende es lo correcto, y verlos desarrollar ese aprendizaje es tan satisfactorio como las excelentes escenas de combate.

Regresamos justo donde nos quedamos, con Daniel LaRusso (Ralph Macchio) uniendo fuerzas con Johnny Lawrence (William Zabka) para ser un solo Dojo enfrentando el Cobra Kai de John Kreese (Martin Kove), que ahora tiene a Robby Keene (Tanner Buchanan), hijo de Johnny, entre sus estudiantes. La dinámica de los dos Sensei domina la historia principal de la temporada, especialmente durante los primeros episodios, pues estos viejos rivales son zorros viejos firmemente anclados en sus respetivas ideas de lo que debe ser Karate, y como enseñarlo. Kreese sabe muy bien que si este dúo dinamita logra controlar sus diferencias, serán una amenaza en el próximo torneo, donde apostaron todo o nada: el Dojo perdedor debe disolverse. Así que Kreese activa la opción nuclear.

Y esa bomba se llama Terry Silver, el desquiciado villano de The Karate Kid III. Esa podrá ser la peor película de la trilogía, pero tiene el enemigo más peligroso que tuvo LaRusso, ya que fue el único  atacándolo emocional y mentalmente, manipulándolo abandonar las enseñanzas de Miyagi, y unirse a Cobra Kai, desatando sus peores instintos. Thomas Ian Griffith interpreta a Silver con una profundidad que no esperaba (al menos relativa a esta serie), pues el multimillonario negociante se ha convertido en un retirado dedicado a una pacífica vida alejada de conflictos y karate. El regreso de Kreese a su vida reenciende una pasión que había olvidado, llevándolo a chocar nuevamente con Larusso, quien descubrirá que el trauma sufrido hace 35 años no quedó tan atrás como pensaba.

Y eso que todavía ni he mencionado las subtramas de los chicos; Miguel (Xolo Maridueña) y Samantha (Mary Mouser) volvieron como pareja pero en Dojos distintos, Robby necesita ganarse el respeto de sus antiguos contrincantes en Cobra Kai, y Hawk (Jacob Bertrand) tendrá que desaprender las malas mañas que aprendió en temporadas anteriores, junto a nuevos personajes envolviéndose en todo el drama marcial. En la parte dramática, la sorpresiva “MVP” de la temporada es Peyton List como Tory Nichols viendo su vida personal derrumbándose mientras intenta usar Cobra Kai como salvavidas, con la ayuda de una inesperada fuente, enseñándonos que la redención viene de muchos tamaños y colores, y rara vez es una línea recta.

Suena como demasiadas cosas corriendo a la misma vez, pero el equipo creativo de Cobra Kai talentosamente equilibra todo, aunque la primera mitad se siente un poco desorganizada, logran cuadrarlo hacia una explosiva conclusión, con tres fantásticos episodios finales subiendo la vara de calidad tan alto, que honestamente no se como podrán superarla, y al mismo tiempo deseoso de ver más, loco por que llegue la quinta temporada. Deja que vean el torneo de este año, la coreografía de peleas más potente que nunca, combinando acción con drama cinemático tan potente, que genuinamente estaba ansioso; me sentía como cuando veo un evento de lucha libre, pues uno sabe que está planeado, pero sin saber a quien pusieron a ganar hasta el final.

La cuarta temporada de Cobra Kai es tan buena, que redime los peores momentos de la tercera, y hasta un poco de The Karate Kid III, sin perder la esencia de la historia original sobre aprender a enfrentar enemigos sin perder quienes realmente somos, paralelamente desarrollándonos como la persona que seremos en el futuro, al menos hasta la próxima lección que nos de la vida. ¡INMENSAMENTE RECOMENDADA!

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