Crítica de The Power of the Dog: Del agua mansa… | QiiBO QiiBO

Crítica de The Power of the Dog: Del agua mansa…

La violencia emocional es tan peligrosa como la física. Quizás mayor, porque un disparo en el pecho hace su daño inmediato, pero las cicatrices del abuso pueden quedarse hasta el último respiro. En The Power of the Dog, primer filme de Jane Campion desde el 2009, viejas heridas dominan las vidas de sus protagonistas, dictaminando sus decisiones, sentimientos, y eventualmente destinos.

Montana, 1925. Benedict Cumberbatch da lo que podría ser la actuación de su vida como Phil Burbank, un ranchero tan capaz como cruel. Phil es dictador absoluto de su dominio; su sombrero bien podría ser una corona, dirigiendo la granja con la fuerza de su mera presencia, necesitando simplemente una mirada o un silbido para ordenar sus trabajadores. Aunque su hermano George (Jesse Plemons) es tan dueño del rancho heredado de sus padres, manejado desde hace 25 años por ambos, la cadena de mando es obvia para cualquiera. Mientras Phil es dominante e imponente, George es taciturno, reflexivo, casi relajado. Con todo y esas diferencias, los hermanos son unidos, hasta durmiendo en el mismo cuarto por las dos décadas y media trabajando sus tierras.

La dinámica cambia drásticamente cuando George conoce a Rose (Kirsten Dunst), una viuda dueña del único restaurante en el camino de los hermanos durante una corrida, llevándosela a vivir con ellos en el rancho. Incapaz de aceptar la situación, Phil comienza una guerra emocional contra Rose, ganándola fácilmente, empujándola al alcoholismo y la desesperación a punto de explotar, cuando llega Peter (Kodi Smit-Mcphee) para pasar el verano con ellos, desde su escuela estudiando medicina. Peter es todo lo contrario a Phil, quien aprovecha para usarlo como nueva arma contra Rose, descargando toda su hostilidad contra el chico, por no cumplir los requisitos de hombría para Phil, pues Peter es delgado, sensible, citadino. En su primer encuentro Phil se burla de las flores artificiales hechas mano por el joven, llevándolo al llanto, igual que a su madre. Pero hay algo debajo de toda esa malignidad y, contra toda expectativa, comienzan una relación de mentor y aprendiz que definirá ambas vidas.

Campion adapta el libro homónimo de Thomas Savage en una historia sobre las complejas telarañas de la masculinidad, maldad y sociedad. Phil es una contradicción caminante; luego de graduarse primero en su clase de Princeton, regresó al rancho para castrar ganado. Gusta de bañarse en el rio pero siempre anda sucio. Se burla del arte de Peter pero pierde su mirada en las montañas al horizonte, asegurando ver secretos que nadie más puede. Sus únicas sonrisas son recordando a “Bronco Harris”, el vaquero que le enseñó a él y George como correr un rancho, tan significativo en sus vidas, que mantiene un altar en su memoria, incluyendo su silla de montar.

Entre hermosos tiros de cámara admirando el paisaje, Campion igualmente nos encierra en incomodos cuartos –literales y figurativos- con Phil buscando la forma de recuperar su dominio sobre George y el rancho, con Peter encontrando su posición en un lugar escalonadamente agresivo hacia su persona. Smit-McPhee es perfecto recipiente para el callado muchacho capaz de aguantar insultos tan firme como disecciona animales para sus estudios.

The Power of the Dog es un estudio sobre lo que significa ser “hombre”, desafiando las convenciones, retando los estereotipos de los personajes y la audiencia, con giros de la trama dejando un sabor agridulce en el paladar, gracias a un estupendo guion, magnificas actuaciones y un escabroso final. Inmensamente recomendada.

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