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Crítica de The Matrix: Resurrections

Al final de los tiempos, cuando la humanidad desaparezca, nuestra sociedad se desintegre y todo lo que quede sean ruinas de centros comerciales, nuestro legado será amor. Las mejores historias, las peores guerras, lo más grandes sacrificios se hicieron en nombre de ese sentimiento. “Es solo una palabra, lo importante es la conexión que representa” le dijo el Arquitecto (Helmut Bakatis) a Neo (Keanu Reeves) en The Matrix Revolutions. Veinte años después, regresamos a la matriz con una hermosa historia de amor desesperado por recuperar esa conexión.

The Matrix Resurrections es una experiencia alucinante; la directora y coguionista Lana Wachowski una vez más rompe la barrera de lo que es posible en la narrativa cinematográfica. Resurrections está hecha para aquellos que aprendimos apreciar la trilogía completa. Aquellos que solamente disfruten la primera, saldrán decepcionados, mientras los que hemos aprendido apreciar lo que las hermanas Wachowski quisieron hacer con la trilogía entera, tendremos una nueva exquisita crónica actualizada, sobre la búsqueda innata de libertad, tanto física como social, mental y espiritual.

Keanu Reeves regresa al rol que lo hizo superestrella como Thomas Anderson, uno de los programadores más admirados del mundo, por haber creado la trilogía de videojuegos más exitosa de la historia: The Matrix. Cuando su jefe (Jonathan Groff) le informa a Thomas que sus jefes en Warner Bros ordenan una nueva entrega de la franquicia, tendrá que escoger entre hacerla el mismo o permitir que otros tomen control creativo. El chiste se contaría solo, pero Lana Wachowski quiere meter el dedo en la llaga con una película simultáneamente criticando y aprovechando la moda de reencender viejas propiedades usando nostalgia, con la sutilidad de un marrón golpeando una plancha de latón.

Pero el éxito de su creación es una maldición cargada por Thomas, quien sufre episodios psicóticos confundiendo su vida con la historia de los videojuegos. Ayudado por un terapista Analista (Neil Patrick Harris), Thomas intenta mantener su cordura con poco éxito, hasta el día que uno de sus personajes se le aparece al frente: Morfeo, esta vez excelentemente interpretado por Yahya Abdul-Mateen II. Al igual que hace dos décadas, Morfeo le revela a Thomas ser prisionero de una simulación de la que solo puede escapar tomando una pastilla roja, ayudado por Bugs (Jessica Henwick), una capitana de la nueva resistencia humana.

Neo no reconoce su propia invención parado frente a esta, una posible referencia de Lana Wachowski a la deformación que ha tomado “La Pastilla roja” en los últimos años, un concepto secuestrado por movimientos de ultra-derecha. Eso es solamente una de las muchas alusiones “meta” del filme a conflictos actuales, como el uso de “bots” para controlar, atacar y confundir los personajes. The Matrix Resurrections es igualmente una reflexión de la directora sobre el efecto de su trilogía original en la cultura popular, estableciendo claramente que se trata de un mensaje de amor y esperanza.

Donde quizás muchos tendrán problemas es la ejecución. Admito no haber gustado de las secuelas originalmente, pero con los años, la edad y las ganas, he aprendido apreciar las incontables referencias filosóficas de Neo y su máximo sacrificio por la humanidad. Verlo ahora dudando de la efectividad de dicho sacrificio es un golpe directo al pecho, que Lana asume sin miedo. Pero eso significa constantes escenas de diálogos, exposición, y acertijos. Aquellos que esperan una nueva revolución cinemática como la primera, quizás salgan decepcionados. Por el contrario, quienes gustan de debatir, analizar y tratar de comprender los mensajes, tenemos una nueva joya.

Keanu Reeves es tan agradable como siempre en la piel de Neo, pero Carrie-Ann Moss destaca en esta nueva versión de Trinity, pues la relación entre ella y Neo es el combustible de The Matrix Resurrections. El resto del elenco trabaja en buen nivel, como Jonathan Groff gozándose cada escena, brincando fácilmente entre lo gracioso y siniestro, a veces durante la misma oración.

Solo puedo enseñarte la puerta, tú tienes que cruzarla por ti mismo”, le dijo Morfeo a Neo hace 23 años, y en cierta manera eso mismo es esta reseña. Puedo decirles porque me gustó tanto, pero entenderé si no es lo mismo para ustedes. ¿Maravilla filosófica post-cibemoderna, o insufrible conjunto de complicadas escenas con pobre ritmo? Cada cual tome la pastilla del color que quiera. La mía salió roja.

2 Comments

  • 21/12/2021 at 10:35 pm

    Excelente reseña. A mi me gustó mucho. Como una nueva historia es excelente.

  • Colo
    23/12/2021 at 6:37 am

    Me encantó y sobretodo nos enseñaron q lo q hizo Neo tuvo resultados. Nos complacieron viendo a un Merovingian jodio 😝

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