El mejor tipo de sátira -o por lo menos mi favorita- es aquella disfrazando su objetivo tan bien, la audiencia piensa que el chiste es a favor de este. Por esa razón -aparte de otras- es que me encantó “I Love L.A.”, la nueva comedia para jóvenes adultos de HBO, creada, escrita, y protagonizada por Rachell Sennott, quien lleva años destacándose por sus trabajos en Shiva Baby, Bodies Bodies Bodies, y la fantástica Bottoms, la cual co-escribió junto a Ayo Edebiri (The Bear).
Cada generación tuvo este tipo de programa; la mía fue Sex and The City, los “Millennials” tuvieron GIRLS, y ahora los Zeta reciben I Love L.A., la cual, entre constantes chistes sobre superficialidad, amistad condicional, e hipocresía laboral, esconde una profunda mirada al vacío emocional de la nueva cultura digital con la que han crecido.
No es que los Zeta sean los únicos que lo hacen (bastante ridículo hay de mi edad y hasta mayor), pero son los primeros que crecieron con pantallas en las manos, las cuales son la única ventana al mundo para ellos expresar, y recibir emociones. Estoy generalizando, claro está, pero un simple vistazo al estado de las cosas actualmente, donde lo que antes eran chismes de barrio ahora son noticia nacional por videos de gente insultándose uno al otro, o relaciones que nacen, se desarrollan y terminan, a la vista publica de una historia en alguna red social.
Maia (Sonnett) cumple 27 años completamente frustrada por el estancamiento que siente en su vida, específicamente en su carrera profesional. Hace dos años se mudó de Nueva York a Los Ángeles para convertirse en una agente de famosos, pero no pasa de asistente en la pequeña agencia que trabaja. Una de las razones principales de su frustración es ver como su antigua mejor amiga Tallulah (Odessa A’zion) sigue triunfando en su carrera como modelo de redes sociales. Tallulah y Maia iban a mudarse a L.A. para correr sus respectivas metas juntas, pero Tallulah se arrepintió a última hora, dejando a Maia a su suerte en la ciudad de los sueños.
La cosa cambia drásticamente cuando Tallulah aparece en su apartamento justo a tiempo para la fiesta de cumpleaños de Maia…y descubrir que la bloqueó en Instagram. Maia tomó esa decisión por consejo de sus amigos Charlie (Jordan Firstman) y Alani (True Whitaker). Charlie es un diseñador de modas con la lengua mas filosa del estado, mientras Alani camina en nubes gracias a ser hija de una famosa actriz, lo que le abrió puertas que otros ni siquiera saben que existen, dato todavía más gracioso cuando pensamos que la actriz en vida real es hija de Forest Whitaker.
Tallulah llega como tormenta arrasando todo a su paso, impulsada por su habilidad para conseguir todo lo que desea utilizando su encanto, carisma y descarada actitud.
Eventualmente se reconcilian, especialmente cuando Tallulah revela que su viaje es permanente, y ahora ambas serán un equipo, con Tallulah siendo la primer cliente de Maia, mientras que Dylan (Josh Hutcherson), el novio más paciente del universo, y la única persona relativamente normal de todo el elenco (por tanto siendo representante de la audiencia) ve su apartamento invadido por otra mujer sin sentido común de convivencia.
Contrario a GIRLS, Sonnett utiliza I Love L.A. como una reflexión honesta sobre su generación y el mundo que les tocó vivir. Donde unos ven superficialidad, Sonnett muestra mecanismos de defensa de gente lidiando con la misma soledad y ansiedad que todos los demás antes que ellos, excepto que las conexiones ahora exigen un desprendimiento social basado en valor digital. La tecnología avanzó mucho más rápido que la capacidad emocional del ser humano, y la única manera de adaptarse ha sido pretender que entendemos como funciona, sin asimilar el efecto que realmente está teniendo en nosotros.
En otras palabras, I Love L.A. es una mirada a como el ser humano continua su búsqueda de aceptación y comunidad en un mundo donde necesitar ambos es un defecto, desde la perspectiva de su generación.
Pero tranquilos, que I Love L.A. no es una tesis doctoral, y Sonnett tampoco pretender disculpar malas actitudes. Todo lo contrario, su Maia es egoísta, egocéntrica y vacua, sin ningún problema haciéndola ver como la niña malcriada que puede ser en varios momentos. El resto de los personajes bordea defectos parecidos pero, tampoco demasiado, no se supone que los odiemos, y Sonnett mayormente lo logra porque, al final del día, son gente enfrentando un mundo real contra el cual no fueron verdaderamente preparados.
Aparte que Sonnett entiende que I Love L.A. es una comedia cuyo propósito principal es hacernos reír, lo que consigue especialmente una vez ya conocemos los personajes y sus respectivas dinámicas. Tenía altas expectativas y Sonnett no solamente las cumplió, las sobrepasó fácilmente, ¡INMENSAMENTE RECOMENDADA!
Podcastero, comediante, crítico de cine y TV miembro de la Critics Choice Association, crítico certificado en Rotten Tomatoes, y padre de gatos. Una vez cuando niño entré a un cine, y en cierta forma nunca salí.
Comments are closed here.